La sucursal del cielo

25 julio, 2017

Opinión, VENEZUELA


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Hoy 25 de julio, nuestra ciudad capital, Santiago de León de Caracas, cumple 450 años de fundada. Y lo que en cualquier parte pudiera significar un acontecimiento de gran alegría, pleno de eventos, celebraciones y actividades, aquí pasa casi que por debajo de la mesa y a las puertas de un paro nacional de 48 horas en contra de una Asamblea Nacional Constituyente que le quiere imponer a la fuerza y de manera inconstitucional, el dictadorzuelo de turno y heredero del comandante galáctico que volvió ñoña este país.

Yo nací en una Caracas bonita, que estaba próxima a celebrar su cuatricentenario. Viví, aunque no recuerdo mucho, aquella fatídica noche del 29 de julio de 1967, la del terremoto… Mis primeros años de vida los disfruté en aquella ciudad espléndida, sencilla, con un clima maravilloso, pujante, que comenzaba a ser la envidia de muchas capitales latinoamericanas.

Nací y crecí en una ciudad limpia, moderna, segura, amable, ostentosa, cordial… en la que todas las tardes, después de las 5, veía bajar la neblina de las faldas del majestuoso Ávila, mientras Mamá nos preparaba un Toddy caliente. Una Caracas en la que jugaba con mis amigos y mis primos en las calles, trepaba árboles enormes, jugaba al escondite, a la “ere”… me raspaba las rodillas y las manos al tropezarme en frenéticas carreras, me paralizaba al escuchar “un dos, tres, pollito inglés” o simplemente, me escabullía cada vez que los grandes jugaban “tonga” o al “quemao”.

Nací y crecí en una Caracas en la que se podía pasear y sonreír, en la que todos los años estrenábamos carro, íbamos a comprar en Sears, o a tirar piedras y llenarnos de tierra en los terrenos de la incipiente Macaracuay. En la que íbamos al Matinée de aquellas enormes y suntuosas salas de cine, a ver las últimas películas de Disney y en la que todos los 24 y 31 de diciembre se reunía la familia entera para celebrar la Navidad y el Año Nuevo, bailando con los discos de la Billo’s.

Nací y crecí en una Caracas que luego se llenó de carros y tuvo un tráfico terrible y endemoniado. En la que estrenamos uno de los Metros más modernos del mundo, y que nos enseñó a ser perfectos ciudadanos, al menos en el subsuelo. En una Caracas que por las noches no se pelaba las novelas del canal 2 y los programas de Renny Ottolina al mediodía. En aquella Caracas de “Sopotocientos”, “Viva la Juventud”, “De Fiesta con Venevisión” y “La Feria de la Alegría”.

Viví en la Caracas que descubrió y aplaudió con orgullo los grandes espectáculos musicales del Poliedro y el Teresa Carreño. En la que nos escapábamos a tomar la chicha que vendían debajo del reloj de la Universidad Central. Aquella Caracas que trotaba alegremente por el Paseo Los Próceres y que en época de elecciones, se tapizaba de afiches verdes, blancos, naranjas, azules, rojos…

En aquella Caracas que se paseaba por el Boulevard de Sabana Grande y de noche se sentaba a tomar algo y conversar en “El Gran Café”. Esa Caracas del “Drogstore” de Chacaíto, la que estrenó con bombos y platillos el centro comercial más grande de Latinoamérica, con su pirámide invertida: el CCCT.

Nací y crecí en aquella Caracas que te dejaba contemplarla sanamente desde los miradores de la sinuosa Cota Mil, escuchando música y con las puertas abiertas de los carros. En aquella Caracas que olía y sabía rico. En la que había respeto y se pedía la bendición a los tíos, a los papás, a las abuelas… aquella Caracas en la que te vestías con tus mejores pintas para ir a misa los domingos y en la que apostabas al caballo más veloz en La Rinconada, jugando el 5 y 6.

Viví en aquella Caracas que se reía y burlaba cuando el Caracas le ganaba al Magallanes, o que se escondía y se hacía la loca cuando los Navegantes le daban una pela a los Leones. En aquella Caracas que bailaba en las noches por cientos de discotecas en Las Mercedes, que subía al Teleférico a patinar envueltos en ruanas y bufandas invernales.

Nací y crecí en aquella Caracas que conservaba con gran orgullo el legado de Burle Marx en el Parque del Este y la de las maravillosas plantas del Jardín Botánico, la de los conciertos domingueros en las plazas, la de los paseos por Los Caobos, la hermosa y siempre cambiante fuente de Plaza Venezuela, la de las patinatas y las misas de gallo en aquellas madrugadas heladas…

En esa Caracas que se recogía en Semana Santa y en la radio sólo se escuchaba música sacra, o la que en mayo su cielo se llenaba de guerras de papagayos y que en Carnaval jugaba a echarse o a cazar a los demás con bombitas de agua… en aquella Caracas en la que corríamos a escondernos muertos de la risa después de tocar los timbres de las casas. La de su maravilloso Museo de Arte Contemporáneo, su gran festival de Teatro, sus artistas y creadores…

Nací y crecí en una Caracas, que lamentablemente ya no volverá, pero que me enseñó a ser una buena persona, un buen ciudadano y a sentirme orgulloso de ser venezolano. En una ciudad que, hoy, con mucha tristeza, perdió su sonrisa. En una Caracas, que hoy baja a Maiquetía a despedir a diario a sus familiares y amigos… en una Caracas que jamás pensó estar enrejada, sitiada, derruida, enesmistada, oscura, presa, en guerra y que ostentaría el título de una de las ciudades más peligrosas del mundo.

Hoy, en sus 450 años, Caracas sigue siendo la sucursal del cielo, sin duda… pero por motivos muy distintos. Del cielo, porque es allí a donde han ido a parar miles de caraqueños que han sido asesinados, porque fueron atracados, secuestrados, robados… o porque simplemente salieron con una bandera tricolor, a protestar y manifestar su opinión en contra de un gobierno ruin y dictatorial.

Hoy, Caracas y los caraqueños, no tenemos nada que celebrar. Es una ciudad que poco a poco se va paralizando en el tiempo, como escalofriante premonición de convertirse en La Habana de Suramérica… Qué triste que 450 años después, no sigamos su ejemplo y continuemos luchando por conseguir la libertad…

Ojalá que sus próximos 450 años los celebremos como debe ser!!!

Alfredo Graffe                                                                                                                  PERIODISTA / CNP Nº 5.425. Twitter: @alfredo_graffe

Caracas

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2 comentarios en “La sucursal del cielo”

  1. Chely Depablos Dice:

    Querido Amigo, Gracias por recordar que Caracas la capital del cielo sigue teniendo venezolanos que la amamos y queremos lo mejor y la libertad se impone hoy Dios nos bendiga.

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  2. Jose Armas Dice:

    Excelente. Como extrañamos esos momentos inolvidables. Que viva por siempre la gran Venezuela que añoramos.

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